Duncan McKenzie. Tercera parte

El cielo presagiaba tormenta y el viento traía el olor a humedad del bosque, pero no le importó acabar empapada si por fin podía reunirse de nuevo con Duncan. Tres días, tres largos, angustiosos y expectantes días a la espera de que por fin pudiese gozar de cierta libertad para correr a su encuentro. Cuando su padre anunció que él y sus hermanos se ausentarían todo el día no lo dudó y en cuanto los vio desaparecer corrió al encuentro de su amado.
Los truenos la acompañaron en su alocada carrera hasta que divisó el muro, y tras él, a Duncan pasearse como un perro enjaulado por sus tierras. La dicha que sintió al ver que no había faltado a su promesa se extendió por su pecho y gritó su nombre.

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