¿Y si…?

Las conjunciones “y”, “si”, por separado no tienen mayor significado ni función que el propio. Es cuando se juntan que obtienen el poder de atormentarnos. ¿Y si…?

¿Y si no suena el despertador?
¿Y si al llegar tarde me despiden?
¿Y si al quedarme sin trabajo no puedo pagar la hipoteca?
¿Y si mis hijos y yo acabamos en la calle?

Estos son algunos de los ejemplos, extremos y dramáticos,  de “¿Y si…?” que nos pueden perseguir. Pero hay más. Muchos más:

¿Y si le digo lo que siento y se burla de mí?
¿Y si no le gusto?
¿Y si me espero y es demasiado tarde?
¿Y si gano?
¿Y si pierdo?
¿Y si? ¿Y si? ¿Y si?

Todos, en algún momento, dudamos. Es entonces cuando esas dos temibles palabras desestabilizan las bases de nuestro pensamiento racional. Quizás seáis capaces de reestructurar vuestra mente y rechazarlos como improbables o incluso fáciles de solventar. Muchos de vosotros habréis detenido la escalada de “y si…” después de la primera frase. Pero millones de personas se enquistan y regodean involuntariamente en todo un laberinto de probabilidades basadas en el “y si” que no son capaces de resolver. A esas personas, a las que sufren de ansiedad y conviven con ella, he dedicado mi novela. 

Confieso que tuve claro desde un principio que el título tenía que comenzar con esas dos palabras. De hecho, durante muchos meses, el original era: “¿Y si te quiero?”. Me gustaba porque se dice en una escena en concreto y se utiliza para desmontar la incontrolable progresión de “y si” de la protagonista. Pero conforme avanzaba la historia me di cuenta de que, aunque la frase fuese en positivo, seguía sembrando duda. Y lo último que quiero transmitir con esta novela es eso. Porque la duda lleva a la inseguridad y la inseguridad al temor. 

También reconozco que cuando compartí el título con familiares y amigos, ajenos al contenido de la novela, en la mayoría de las ocasiones cuando les decía: La novela se llama “¿Y si te quiero?”. Su respuesta era, en tono de humor, sin mala intención, pero con ironía: ¿Y si no?

Y no me gustó en absoluto. Por ello, porque no quiero que sea cuestionable, sino una certeza. Porque no deseo que quede rastro duda. Porque todo lo que digo es cierto. Por todo ello, solo cabía la afirmación. Sin miedos ni recelos. Con la valentía y el atrevimiento del que quiere sin reparos. Con los sentimientos reflejados en los ojos, las manos y los labios.  Como debe ser el amor. Como Víctor confiesa a Carmen: Y SÍ, TE QUIERO.  

Recent Comments

  • Patricia A. Miller
    14/11/2019 - 13:11 · Responder

    Cierto, amiga. Los «Y si» son un condicionante de lo más peligroso en muchos casos, tan peligrosos que son capaces de controlar nuestra vida sin que nos demos cuenta. Lo fundamental es saber considerar los que importan o los que no, a los que dar crédito y a los que solo son un producto de nuestras dudas. Y tener claro que todo condicional tiene su contrapunto positivo.
    Buena entrada 😉

  • Victoria Guerra
    16/11/2019 - 15:16 · Responder

    Tessa!! No sabes cuánto te he esperado!!! Gracia! gracias! por traernos algo que nada más con la sinopsis y el relato sobre su nombre me ha enamorado!!! Por favor no te vuelvas a perder por tanto tiempo! LOVE U!

    • Tessa C. Martín
      17/11/2019 - 13:24 · Responder

      Qué bonito leer comentarios como este, Victoria. Gracias a ti, siempre. Prometo teneros informados de mis proyectos más a menudo. Es un placer tener lectoras como tú. ¡Un besazo enorme!

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